SALE A LA LUZ OTRO CRIMEN DEL CANÍBAL DE CHIHUAHUA




Gilberto Ortega, asesino y devorador de niños, enfrentará cargos por homicidio de una mujer.


En el año de 1997, Gilberto Ortega, alias La Tota, estremeció a Chihuahua y al país por los crueles asesinatos de niños cuyas partes devoraba. Por sus crímenes fue condenado a 75 años de prisión. Pero hubo un presunto homicidio que habría cometido dos años antes, y por el cual habrá de enfrentar nuevos cargos.

El asesino serial aparece como probable responsable de la muerte de una mujer en el año 1995.


Las investigaciones a cargo de la Unidad del Sistema Tradicional de este nuevo caso de Homicidio Calificado, permitieron obtener elementos de prueba que sustentan que posiblemente Gilberto O. O., cometió este crimen en junio del año 1995, cuando pretendía asaltar una gasera ubicada en la carretera Chihuahua – Delicias.

La nueva orden de aprehensión le fue girada al penal de alta seguridad en el estado de Morelos, donde purga sentencia por el homicidio de los infantes.


El 21 de junio de 1997, el niño Jaime Espinoza de once años, tuvo el infortunio de cruzarse en el camino de Gilberto Ortega, un ex policía esquizofrénico, cuyo modus operandi le ganó el mote del Caníbal de Chihuahua, y considerado en la actualidad como uno de los más crueles asesinos seriales en la historia del estado.

Jaime, originario de Santa Eulalia, vendía periódicos y chicles en el centro de la capital, y en esos días se dedicaba al reparto de propaganda política de una de las campañas a la diputación federal del PAN, ahí lo vio Gilberto.

Ortega tenía 27 años. Se ganó la confianza del pequeño, y a bordo de su vehículo LTD, lo llevo a las afueras de la ciudad donde lo asesinó cruelmente.


Durante su estancia en el Cereso de San Guillermo, tras su arresto en octubre de ese mismo año, Gilberto Ortega, alías La Tota, produjo una serie de mapas y dibujos inquietantes. En cada uno de ellos, dicen los psicólogos, ofrece detalles impresionantes sobre la forma en que destazó los cuerpos. Son dibujos a lápiz, pero en las heridas pintó con su sangre. Para hacerlo, se mordió los dedos.

Admitió por lo menos 30 homicidios de infantes acompañados de canibalismo, aunque sólo dos fueron comprobados.

Pero él insistió ante el Ministerio Público, que el número era mayor y que de todas sus víctimas, a 21 les devoró las entrañas por placer.

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