Con tirolesa, burlan cierre fronterizo entre México y Guatemala



Decenas de guatemaltecos cruzan a diario hacia México arriesgando la vida en cables de acero que corren sobre el río Suchiate

Todo un culebrón repleto de piedras, matorrales y riachuelos que se conectan con el río Suchiate, son los que hay que sortear para poder llegar hasta las tirolesas improvisadas en las que decenas de personas atraviesan a diario la frontera México – Guatemala. No, no es una actividad campirana ni ecoturística, se trata de la forma en que habitantes de Talismán (Chiapas) y El Carmen (San Marcos) subsisten, luego de que el ejército chapín les arrebató sus instrumentos de trabajo: las balsas que atravesaban las inquietas aguas internacionales del Suchiate. Para llegar hasta las tirolesas en que se transportan de un país a otro hay que caminar unos 800 metros desde el puente internacional. El cenagoso trayecto es peligroso, precipitado y turbulento. Pese a esto, muchos guatemaltecos deciden emprender el periplo desde su tierra para abordar el “teleférico”, diseñado a base de una silla de madera y cuerdas metálicas por las que son arrojados sobre el río y se deslizan hasta la otra parte de tierra.
¿Pa´ dónde va señora? – a vender aquí a Talismán las verduras- contesta una mujer recién bajada de la tirolesa a la que se intercepta en el camino. Vacilando, la comerciante carga su cesto color rojo en la cabeza, mientras pela nerviosa los dientes tras la experiencia vivida a río rapaz.
Una veintena de hombres se ha hecho de este lugar su sitio de trabajo. “Esto no es ni de Guatemala ni de México, es de Dios y Dios les da de comer a todos”, reza uno con camiseta deslavada de la selección mexicana de los años 90. Así se excusan estos hombres que, alejados de las autoridades, cruzan a decenas y decenas de personas por 30 pesos mexicanos o 15 quetzales de un país a otro.
El flujo y cruce de guatemaltecos y mexicanos no cesa desde las siete de la mañana hasta pasadas las cinco de la tarde. Mujeres y hombres abordan su asiento y se van, entre sonrisas y nerviosismo de caer en cualquier momento al agua. Y hay quienes no quieren separarse de su pareja, así que deciden ocupar al mismo tiempo el estrecho asiento. Si se va uno se va el otro, si le toca a uno darse un peligroso chapuzón, al otro también. Por suerte nadie cae, como si se tratara del medio de transporte fronterizo más seguro.

IMPARCIAL DE CHIAPAS

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