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    viernes, 16 de marzo de 2018

    El problema del gobierno unipersonal

    Hay un malogrado gobierno en Chiapas, que redujo estrepitosamente los índices de legitimidad y popularidad del gobernante y al mismo tiempo acrecentó el malestar y la indignación de la población. Si se quiere describir en pocas palabras  los problemas del gobierno de Chiapas, el ejercicio se reduciría a nueve palabras: ineficacia, corrupción, pobreza, indiferencia,  despilfarro, caprichos, opacidad, incertidumbre e impunidad.

    A menos de nueve meses para que concluya esta pesadilla de gobierno, no existe ninguna obra de importancia en la entidad que justifique los 400 mil millones de presupuesto ejercidos, ni existe logro alguno por el que pueda recordarse para bien la figura de Manuel Velasco Coello.

    Lo grave de esta situación, es que en Chiapas se consolidó un gobierno personal, que dejó de apegarse a las normas y leyes y  en la que muchas de las decisiones de gobierno son arbitrarias e ilegales, lo que produjo una ruptura con el funcionamiento de las instituciones, que tiene que ver con la ineficacia de la impartición de la justicia y con las decisiones que debieran de tomarse en el Congreso Local, en donde estos poderes que debieran ser autónomos se encuentran limitados.

    La consolidación del gobierno personal sin límites no es atribuible a Manuel Velasco Coello, sobre todo porque este estilo de gobierno se estableció con Pablo Salazar, continuó con Juan Sabines y se consolidó con Velasco Coello. Lo que diferencia a este último gobierno con los anteriores en su indiferencia a la toma de decisiones, que se combinó con la ineficacia, la corrupción y la impunidad, creando un batidero de inmundicia en todo el Estado.

    Lo extremo de toda esta situación, es que sobre la base de los hechos, en Chiapas no funciona el gobierno o simplemente no hay gobierno. Esto ha exacerbado la violencia en los grupos sociales, que cierran carreteras e imponen cuotas de peaje, debido a que el gobierno no atiende ni resuelve las demandas de la población.

    Esta problemática conduce a la existencia de un gobierno personal, pero que no toma decisiones políticas y en los momentos en que lo hace se percibe una actitud de capricho, en donde se violenta la legalidad. Un ejemplo de ello es la reciente imposición del presidente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos, donde no sólo se quebranta la ley sino que se impone el criterio personal sobre las instituciones para beneficiar a funcionarios sin capacidad ni conocimiento y que no ayudan en nada a la fortaleza del gobernante.

    El gobierno personal no sólo es excluyente a las instituciones sino también a los grupos y a las personas y eso termina constituyendo una visión restringida del ejercicio de gobierno y termina debilitando a la autoridad; todo ello para matizar de que se está hablando de una democracia de baja calidad.

    En Chiapas los últimos gobernadores construyeron el derecho de “gobernar” como ellos quieran y consideren conveniente. Nada más que Velasco Coello también construyó el derecho a no tomar decisiones y eso resulta inaceptable porque no se sabe a ciencia cierta cuáles son los intereses que lo mueven y le preocupan, en donde resulta prácticamente imposible identificar cuáles son los altos intereses que impulsa y promueve el gobernador para Chiapas. Al no conocerse estos intereses no se sabe cuál es el rumbo del gobierno ni se sabe a ciencia cierta si hay un destino. Situación que también conduce a otra conclusión, que Manuel Velasco no tiene propósito para Chiapas, de allí los desvaríos que caracterizan a este gobierno, en el que lamentablemente las instituciones no ejercen límites para impedir la irresponsabilidad del gobernante.
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