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    jueves, 23 de noviembre de 2017

    La fiesta de Caridad: de las menos concurridas en San Cristóbal. Milton Tovilla Ozuna


    Son las 12 del día de un 21 de noviembre. Algunas personas se reúnen en el Arco de El Carmen acompañados de flores en sus manos y un grupo de estudiantina para salir en procesión hacia el templo de la Virgen de Caridad; son pocas personas hasta esa hora que se congregan en la sombra que proporcionan los árboles en el atrio, pareciera que están esperando a que lleguen más personas y darle mayor realce a la procesión.
    La preocupación y desesperación por parte de la junta de festejos se hace más notoria, son poco más de las 12 del día y le dan orden a la estudiantina para iniciar con el recorrido por el Andador Eclesiástico. Encabeza una señora que porta el estandarte con la imagen de la Virgen de Caridad, quien es considerada patrona, protectora y generala de San Cristóbal de Las Casas.
    Cuenta le leyenda que en el año de 1712, los nativos de Cancúc se sublevaron contra los habitantes de San Cristóbal y por ello querían provocar una guerra, pero cuando iban a salir del poblado indígena de Cancúc, observaron que una mujer lanzaba flechas y rayos desde la torre del templo de Cancúc en contra de los guerrilleros enfurecidos que estaban dispuestos a derrotar la pequeña tropa de San Cristóbal. Al observar las facciones y vestiduras de la Señora, se dieron cuenta que era idéntica a la Virgen de Caridad que se veneraba en ese entonces en el templo de San Nicolás de San Cristóbal, y desde esas fechas se le dio el título de patrona, protectora y generala de los ejércitos que defienden a la ciudad de San Cristóbal de Las Casas.
    Después del estandarte que encabeza la peregrinación, lo siguen dos hombres con un cuadro de la Virgen Generala rodeado de flores, y posteriormente la estudiantina y un grupo de personas, entre devotos e integrantes de la junta encargada de la festividad de Caridad. Son muy pocas personas para acudir a rendir honores a la patrona de nuestra ciudad, sin embargo, se hacen presentes los cantos religiosos y las vivas dedicados a la Virgen María de Caridad.
    Al llegar al templo, después de 20 minutos de peregrinar por el Andador, se cruza esta procesión entre los puestos que invaden la histórica Alameda Utrilla, únicamente se puede pasar por un camino muy estrecho desde la calle Escuadrón 201 hasta la puerta del templo, aunque causa emoción ver que la fachada del templo está adornada con un arco de flores en la puerta, ornamento de plástico color blanco y rosado, pero sobre todo, libre de puestos.
    En la puerta espera la peregrinación y sale a recibir con agua bendita un sacerdote de estatura baja y de edad avanzada, conocido por muchos como el Padre Chanteau, y al darles la bendición, entran los peregrinos al templo que está un poco vacío de personas pero bien decorado en el lugar donde se encuentra la venerada imagen de Nuestra Señora de Caridad, la cual, en la noche de maitines antes de su fiesta, confirmaron que será restaurada próximamente, la escultura se ve radiante en un retablo dorado del siglo XVII, mientras tanto, toman asiento y esperan a que empiece la misa mayor que marca el programa a la una de la tarde.
    Por una puerta lateral a la capilla del Sótano de ese templo, entra Monseñor Felipe Arizmendi, actualmente Administrador Apostólico de la Diócesis de San Cristóbal en lo que llega el nuevo obispo a tomar posesión. Saluda a las personas que están sentadas dentro de la capilla y entra a la sacristía para revestirse con los ornamentos y concelebrar la misa con otros sacerdotes.
    Al salir, se observa a Monseñor Felipe acompañado de Fray Pablo, encargado del templo y el Padre Chanteau a su lado y, antes de iniciar la celebración, el fraile toma el micrófono y agradece a don Felipe por sus 17 años a cargo de esta diócesis y posteriormente inicia la Eucaristia en la cual, el Administrador Apostólico invitó a seguir pidiendo a Dios por medio de la Virgen de Caridad la protección de nuestra ciudad.
    Cuando terminó la misa, entró un mariachi para cantarle las mañanitas y unas cuantas piezas a “La Generala”, mientras que la iglesia poco a poco iba quedando con poca gente en su interior. Y así, se puede apreciar que a pesar de ser la festividad de nuestra patrona, pocas personas le dan el interés y mucho menos, quieren acudir al templo cubierto por plásticos blancos y cientos de puestos, argumentando que ya no se puede estar a gusto como antes en este lugar.
    Tristemente se ha ido perdiendo lo que antes se hacía en esta festividad, pero nunca es tarde para volver a regresar las tradiciones con la ayuda de quienes veneran con gran devoción a la patrona de San Cristóbal de Las Casas.
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